Alina Mayo Azze, la excelencia y elegancia en la noticia

En este mes de mayo se celebra el Día de la Madre, pero también el día 20 los cubanos recuerdan la Independencia de la República de Cuba.

Sobre estos y otros tópicos conversamos con una de las más prestigiosas figuras de la televisión. Alina Mayo Azze, que es madre (y ya también abuela), es cubana y una de las más emblemáticas y queridas comunicadoras de nuestra comunidad. Con su habitual sencillez y la elegancia que siempre la ha caracterizado, nos habla en exclusiva para la presente edición.
Alina nació en Cuba y cuando apenas tenía cuatro años, sus padres emprendieron, como muchos otros cubanos, el incierto camino del exilio en 1964. Después de vivir por un tiempo en España, se mudaron a Puerto Rico porque su papá, que trabajaba con empresas farmacéuticas, consiguió una plaza en la Isla del Encanto. Fueron unos años muy felices porque los recibieron con mucha hospitalidad. Vivieron en Santurce y Miramar. Allí nació su hermano, siete años menor que ella, hasta el año 1975, en que se mudaron a Miami.
Durante los años que estudió periodismo, Alina hizo un internado en el canal 6 en el Downtown. En junio de 1981 se graduó en la Universidad de Miami y al mes siguiente, en julio, entró como reportera en Univisión, ya que durante su internado conoció al periodista Gustavo Godoy, que fue nombrado director de noticias del canal 23 de Univisión y fue quien le dio esa gran oportunidad. Allí trabajó por siete años, hasta que en 1988 se cambió a Telemundo, donde fue presentadora por dos años junto a Leticia Callava. Era algo sin precedentes, pues por primera vez, dos mujeres presentaban un noticiero en español. Al terminar su contrato con Telemundo, después de varios meses, la llamaron para regresar a Univisión, donde esa vez fue la compañera del noticiero junto a Guillermo Benites por 24 años. En su larga carrera entrevistó a muchas figuras famosas, a mandatarios como los presidentes Clinton y Obama, y personas de todo tipo porque, como ella misma afirma, con cada persona siempre se aprende algo. Alina ha sido galardonada con tres premios EMMY, cuatro premios ACRIN y dos premios ACCA.

Alina, tú eres parte de esa generación del exilio histórico que llegó en la niñez. ¿Qué ha sido lo más duro de esa experiencia?

- En mi caso no haber crecido con mis abuelos, yo salí de Cuba con cuatro años y era la única nieta, así que ¡mis abuelitos se quedaron sin su nieta!, toda mi infancia y mi adolescencia se la perdieron y en el caso de mi abuelita, no me volvió a ver hasta que consiguió salir, cuando yo ya tenía 19 años. Por suerte, ella vivió muchos años, ya que falleció ya ancianita de 96 años, pero siendo abuela como yo lo soy ahora, si a mí me arrebatan a mi nieta de cuatro años, ¡yo no sé qué yo hago!. Pienso ahora todo lo que tuvo que sufrir mi abuela, que no me volvió a ver hasta que yo ya era una mujer… eso es para mí lo que fue lo más difícil.

¿Cómo has llevado esa responsabilidad de no defraudar a la generación de tus padres y saber dar esas “clases de cubanía” o de orgullo de una herencia?

- ¡Uy, muchas clases de cubanía que hemos dado los cubanos a través de los años!, no solamente a través de nuestros hijos o nietos, sino a través del mundo, en los viajes que hemos dado, siempre nos identificamos como cubanos de Miami y siempre poniendo en alto a nuestro país, antes que este desastre que ya cumple 60 años. Defendiendo, aclarando y ayudando a muchas personas para que comprendan la verdad de lo que sucede en Cuba.

Y en el caso de tus hijos, ¿cómo les impartes esa enseñanza, ese orgullo?

- Mis hijos siempre se criaron en un hogar de cubanos exiliados en contra de ese régimen ¡y son anticomunistas desde la cuna!, - Alina se ríe y prosigue - sabiendo lo duro que lo pasaron sus abuelos, mis padres y los padres de mi esposo, que fue de la Operación Pedro Pan y estuvo viviendo aquí dos años solo. Ellos se sienten muy orgullosos de sus raíces. Obviamente primero se sienten estadounidenses porque nacieron en este país, pero con raíces cubanas por parte de mi esposo y mía, y también españoles porque mis cuatro abuelos eran españoles y además por parte de mi esposo libaneses, porque los abuelos de mi esposo eran libaneses que emigraron a Cuba en el siglo pasado. A mis hijos les encanta tener esa mezcla en su ADN.

Después de salir de Cuba siendo niña, ¿cuándo regresaste a la Isla?

Estando en Telemundo cuando empezaron las transmisiones de Televisión Martí, el gobierno cubano nos dio permiso por una semana a Leticia Callava y a mí a transmitir desde un balcón del Hotel Habana Libre. Hicimos una serie que se llamó “TV Martí, la guerra electrónica”, en enero de 1990.

Durante la crisis de los balseros viajaste en dos ocasiones a Cuba a la base de Guantánamo. ¿Cómo recuerdas ese encuentro con gente que era tu propio pueblo?

Una experiencia increíble, porque fui al principio que llegaron los balseros allá y regresé en unos meses. Pude ver cómo aquellos cubanos hicieron una ciudad bajo las carpas. Era impresionante ver a esa gente, con esas ansias de ser libres. Ellos hacían maravillas con las maderas recicladas que tiraban los americanos, que también estaban sorprendidos. Hacían muebles, gaveteros, apartamentos para separar a las familias, maquetas de barcos dentro de botellas… ¡tenían hasta su propio periódico!. Tengo muchas fotos de esos viajes.

Aunque era una noticia que se esperaba ¿qué sentiste como comunicadora el día que tuviste que dar la noticia de la muerte del innombrable?

- ¡Imagínate!, eso fue un viernes por la noche y cuando se supo la noticia vine a trabajar aquí al noticiero hasta el amanecer. Era una noticia fuera de tiempo, porque él ya estaba fuera del poder, lo que más sentí es que mi padre no viviera ese día, porque fue un gran activista anticastrista. Fue algo agridulce, porque era algo como le pasó a tantos cubanos, que habían fallecido sin ver a Cuba libre.

El 20 de mayo celebran los cubanos la independencia de Cuba, ¿tienes algún recuerdo o anécdota de esa fecha?

¡Claro, de esa fecha la independencia de Cuba!, pero hace algunos años atrás entrevisté a la escritora Lydia Cabrera y hasta me dedicó un libro. Ella nació el 20 de mayo de 1899, y cada vez que llegaba esa fecha y tiraban fuegos artificiales, me contaba que de niña ella pensaba que estaban celebrando su cumpleaños.- Alina se ríe, recordando la anécdota y añade-, espero que algún día lo celebremos en una Cuba libre.

Alina nos comenta que el hombre más influyente en su vida fue su padre, por lo que le preguntamos: ¿Cuál fue la mejor lección que te dio él o que te ha dado tu madre?

¡Uy, me dieron tantas lecciones!. Yo creo que el mantener a la familia unida, ser leal a tu familia, ser una mujer de bien, ir siempre por el camino correcto. Cuando yo era joven mis padres me dieron muchas libertades, yo no iba con chaperona a ninguna parte, era muy independiente. Era la única de mis amiguitas que manejaba un carro, me dio esa libertad de tener mi propio automóvil, pero siempre supe que eso entrañaba una gran responsabilidad, y ¡creo que ha salido bien la cosa!. - Alina se vuelve a reír.

El esposo de Alina se llama Jorge y es arquitecto, pero ahora que han cambiado tanto las relaciones con los hijos, no pudimos dejar de preguntarle cómo lleva eso de las redes sociales...

- Las redes sociales pueden ser muy beneficiosas para estar en contacto con gente que habitualmente no vemos, por las circunstancias de la vida, porque están lejos en otros países o porque estamos siempre trabajando muy ocupados, pero también son un arma de doble filo, porque pasan cosas muy tristes con las redes sociales. Yo a mis hijos les he dicho que tengan mucho respeto y mucho cuidado con lo que publican. Tengo una familia unida, mis hijos desde pequeños fueron muy respetuosos. Son tres hermanos muy unidos, una hermana y dos varones que se quieren muchísimo, que son íntimos amigos. La hija mayor tiene dos hijos, mis dos nietos, que son Mila de seis añitos y Rafael, que tiene tres.

Hablemos de tu actividad como comunicadora. Profesionalmente, ¿quién ha sido tu mayor mentor?

Mi mayor mentor fue al principio de mi carrera, el señor Gustavo Godoy, que me dio mi primer trabajo como reportera, en 1981 en Univisión, él es como un segundo padre. Con él hice mi internado. Gustavo tenía un programa en español con Teresa Rodríguez que se llamaba Viva y que salía los sábados por la mañana. Cuando lo nombraron director de Noticias 23, él formó el equipo que levantó la cadena.
Guillermo Benites era el presentador con Leticia Callava, creo que por unos once años. Cuando ella estaba libre yo la sustituía como presentadora. Después, al cabo de los años, en 1991, comencé junto con Guillermo como presentadora.

¿Hay alguna anécdota curiosa o divertida que recuerdes con Guillermo?

¡Ah, muchísimas!, ¡se pasaba la vida haciendo chistes!. Era un señor serio y circunspecto en el aire, ¡pero él me hacía reír tanto!, él y yo sin decir nada, con solo mirarnos, ya sabíamos lo que estábamos pensando. Era como un padre, un hermano, un colega, que lo extraño todos los días, porque trabajamos juntos 24 años y es un montón de tiempo.

Sin caer en comparaciones, ¿qué tienen en común Guillermo y Ambrosio?

- Son dos profesionales dedicados a su carrera. Guillermo tenía a su esposa, su familia, pero para él el trabajo era muy importante, e igual para Ambrosio. Él estuvo muchos años en el 51 como presentador y son dos personas que se toman sus carreras muy en serio.

Si uno de tus hijos o tus nietos te dijera que quiere estudiar televisión o periodismo ¿cuáles serían tus consejos, basándonos en los cambios que ha habido en el sector?

- Mi hijo el del medio, estudió comunicaciones y trabaja en una agencia de marketing, le va muy bien. Yo le diría que hay que ajustarse a los retos de la industria, ahora cualquier persona con un teléfono puede ser un camarógrafo, un reportero, reportar de los hechos desde la escena, ahora con facebook live, cualquiera transmite desde donde sea. Pero si vas a ser periodista, creo que tienes que estudiar la carrera, porque se aprenden cosas en la universidad que la calle no te las da. Por eso muchas veces llegan a esta industria gente que no tienen esa preparación y salen errores al aire. Así que si les gusta, que lo hagan, pero que se preparen bien. Cuando yo quise estudiar periodismo y trabajar en televisión mi padre me decía que yo era muy tímida y que me iba a morir de hambre. Él quería que estudiara farmacéutica, que era el sector donde él trabajaba, pero eso era lo que me gustaba, y luego se convirtió en mi mayor admirador.

Aparte de la comunicación, ¿qué otra afición tienes?

Me gusta bailar salsa, y una vez salí bailando en el Show de Cristina, con mi grupo de rueda, pero ahora lo que disfruto más es estar con mis nietos, es una etapa que he descubierto, es un nuevo amor que no sentí nunca, el amor a los nietos, que es algo fabuloso.

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