Ron Magill

Ron Magill es de esa clase de “especies” en peligro de extinción. Nos referimos a la gente sencilla, amable, hospitalaria y grande de corazón. En su caso eso de grande se aplica en todas sus dimensiones. 

Por 38 años ha sido el portavoz del Miami Metro Zoo, o desde más recientemente Zoo Miami, donde es el Director de Comunicaciones. Con su simpatía y pasión por los animales él ha sabido acercarnos a ese maravilloso mundo, pero en esta entrevista hemos querido conocerlo a él y para eso lo visitamos al zoológico y conversamos con Ron en su ambiente natural... 

Ron nos recibe en su oficina llena de premios, reconocimientos, fotografías con famosos y recuerdos de su intensa labor al frente de Zoo Miami y luego paseamos por el parque. Sobre él podemos decir que tiene de verdad raíces multiculturales. Su abuelo era irlandés que emigró a Cuba vía Jamaica y su abuela era de origen francés. En Santiago de Cuba nació su padre, Ron Guillermo Magill, que vino en los años cuarenta del pasado siglo a Estados Unidos cuando tenía 19 años. Empezó limpiando platos en Nueva York, después fue camarero y allí conoció a su mamá, que nació en la Gran Manzana y cuyo padre era de Medellín, Colombia, su madre era estadounidense de origen alemán. Ron nació en Manhattan y se crió en Queens. 

¿Había algún ambiente cubano en tu casa cuando niño?
- El ambiente era totalmente cubano. Cuando niño yo pensaba que yo era cubano. En mi casa había congrí, mi padre siempre ponía música de Lecuona, a mi hermana menor y a mí mis padres solo nos hablaban en español. Así que cuando yo fui a la escuela los otros niños se burlaban de mí porque no sabía inglés. Me propuse olvidarme del español y lo hice, para evitarme problemas. 

Ron nos cuenta cómo su padre progresó, porque se hizo carpintero y luego contratista...
Él fue quien diseñó y construyó la casa de sus sueños, pero lejos del mundo ruidoso y de los rascacielos: ¡En Florida!. Ron se mudó junto con su familia en 1972, cuando tenía 12 años y nos sigue recordando su infancia:
- Allí había dos caballos, mi papá era un guajiro puro, quería tener mangos y caballos. Criar frutas, teníamos 5 acres con zorros, conejos, culebras, codornices, las lechuzas sonaban por la noche, nos gustaba pescar, la vida silvestre... la primera vez que vi un lagarto o las lagartijas para mí fue una maravilla, ¡no había nada de eso en Nueva York!

¿Qué recuerdos tienes de tu infancia al venir a Florida?
- No hablaba español, entonces tenía problemas para hablar con los niños. El hombre que años más tarde cambió mi vida fue Mario Kreutzberger, “Don Francisco”. Treinta y ocho años atrás, él estaba caminando por el zoológico y me dijo: “Yo tengo un show y quiero que vengas. Pero yo no hablaba nada español. Y me comentó: Tú lo vas a aprender. ¿Tú papá es cubano?, entonces tú lo vas a hablar. Y así empezó una relación, de las más importantes de mi vida, porque ¡ese señor me ha enseñado tantas cosas!. Cómo comunicarme con la gente, un día me llamó en el camerino, y me dio el mejor consejo: “Recuerda que siempre tienes que sonreír. De ti mismo te tienes que reír, ¡mírame a mí que cada semana yo soy como un payaso!. Es importante que la vida no es tan seria. Y con eso yo aprendí mucho, porque ¡mira mi ocupación, donde todo el mundo es muy serio hablando de los animales, la naturaleza, y él me enseñó a sonreír!. Si hay un chiste y yo soy el punto del chiste, no hay nada malo en eso, y en ese programa yo traté de aprender español otra vez. Ahora no lo sé muy bien, y es todavía un poco horrible, pero lo entiendo bastante y me puedo comunicar con la gente, y ese programa, ese señor ¡me abrió tantas puertas!, ¡es increíble!.  

¿Qué es lo que más tenemos que aprender los humanos de los animales?
- ¡La paciencia!, paciencia porque nunca vamos a manejar los animales. Hay un dicho que afirma: “Puedes sacar el animal de la selva pero nunca la selva del animal”. El hombre nunca va a dominar de verdad al animal. Tienen que tener paciencia para mirar y aprender del animal, a veces es difícil notarlo, pero si lo mira con cuidado, de cerca, lo puede ver y aprender.

¿Qué piensas del gran cambio que hay en muchos circos, donde ya no se hacen ejercicios con leones o elefantes…?
- Cuando yo era niño yo estaba fascinado mirando los animales, pero cuando crecí, pude aprender cómo es su vida de verdad. Yo sé que el circo no es el lugar apropiado para poner a animales silvestres. Si quieren trabajar con animales domésticos como caballos o perros, está bien, pero no para tener tigres brincando en fuego, o elefantes bailando uno sobre otro, esas cosas no son naturales, es cruel tenerlos en ese ambiente. Yo estoy contento de que todo esto está cambiando. Mira por ejemplo el Cirque du Soleil, eso es un circo de verdad con ejercicios humanos que están haciendo cosas increíbles. Deben apoyar a esos circos. Podríamos decir que en un mundo perfecto ni siquiera harían falta los zoológicos. Pueden ir a África a ver los elefantes, a la India a ver los tigres, al Polo a ver los osos polares, pero no vivimos en un mundo perfecto. Un zoológico que es bueno, no es el que pone a los animales en jaulas en espacios chiquitos, uno bueno es aquel donde los animales están en un ambiente grande, con ventanas donde los jóvenes pueden aprender de ellos en ambiente natural, para que aprendan a amar la naturaleza y tomen buenas decisiones. Este trabajo que yo estoy haciendo hoy, lo empecé a aprender con mi mamá cuando de niño me llevaba al zoo en Nueva York. Cuando yo miraba a un animal a los ojos, algo pasaba… no era como ver una foto, cuando uno mira el animal de verdad, hay una conexión, muy fuerte. Y ese es el trabajo de los zoológicos, lograr hacer esa conexión en los niños para que cuiden los animales para las futuras generaciones. Nosotros no heredamos el mundo de nuestros padres, lo tomamos prestado de nuestros hijos. Hay que cuidar la naturaleza, que no tiene precio, cuando algo está en extinción y se pierde, todo el dinero del mundo no puede traerlo de vuelta. Es una tragedia que los niños no puedan ver algo que estaba aquí vivo. Tenemos que proteger todo eso. De todos los bosques naturales del mundo, solo aprendemos un 5% de las matas de esos bosques tropicales. De solo ese 5% empleamos más del 50% de las medicinas que usamos hoy. Si Usted piensa eso, en el 95% que nos falta por estudiar, puede estar la cura para el cáncer y muchas enfermedades. ¡Nos queda tanto por estudiar que puede ayudar a muchas generaciones!.

Si tuvieras todo el dinero del mundo ¿qué te gustaría añadir o hacer en Zoo Miami?.
- Me gustaría dedicar más dinero a conservación en la selva. Cuando en Miami dedicamos 30 millones a una exhibición de los Everglades, yo quiero dedicar otros 30 millones a salvar de verdad a los Everglades. Yo quiero que el zoológico cada vez que hace una atracción nueva, tiene que dedicar dinero a cuidar también en la selva. Los zoológicos no pueden ser nada más atracciones, tienen que dedicar fondos a cuidar los animales en la selva. La cosa más triste si  algún día los zoológicos van a ser el último lugar donde se puedan ver los animales. Yo me siento orgulloso de llevar 38 años aquí en el zoo y en los últimos diez años he recaudado más de 1.5 millones de dólares en la fundación de conservación que tenemos aquí en el zoológico que se llama Fondo de Conservación e Investigación de Zoo Miami Ron Magill, que da miles y miles de dólares para conservación en la selva. Después de años y años, cuando yo esté muerto, va a seguir con ese dinero y esa conservación. El público no debe poner su dinero a poner animales en cautiverio, sino a proteger esos animales en la selva.

¿De qué anécdota tienes más recuerdo?
- La primera vez que yo estaba en Kenya, y vi por primera vez miles y miles de antílopes en vivo, yo me puse a llorar como una niña. Yo he regresado más de cincuenta veces, yo me siento viviendo el sueño de mi vida cada día. Yo no he trabajado en mi vida un solo día. Cada día no lo puedo creer. El momento más memorable fue cuando en Panamá me subí con una soga a un nido de águila harpía, en un árbol a más de ciento veinte pies y vi un pichón. Yo tomé una foto que la tengo enmarcada en mi casa, y también lloré emocionado. Si yo tuviera un deseo es poner a cada niño por cinco minutos frente a ese pichón, porque yo sé que no vamos a tener problemas preocupándonos de que va a pasar con eso, en ese momento todos los niños lo van a querer cuidar por toda su vida.                 

En el año 2015 fuiste por primera vez a Cuba, ¿qué es lo que más te impresionó?
- ¡La gente!, yo vi la cara de mi papá en cada una de esa gente. La gente de Cuba son el alma de vida. Yo vi cómo la gente cocinaba con esos olores increíbles como mi papá, la música en cada calle, el ritmo de Cuba es parte de mi sangre. Y otra cosa que me asombró es que todo el mundo me conocía por Sábado Gigante. ¡Ron Magill, Ron Magill!

¿Qué falta por decir de Ron Magill?
- Yo soy muy dichoso, yo no soy la persona que mucha gente cree. Me encuentro con gente por la calle y me dicen: ¡Ay, qué buen trabajo estás haciendo en el Zoo!. En la televisión muchas veces se le da crédito a quien no lo merece. Yo soy una de ellas. Hay mucha gente detrás que está haciendo todo el trabajo, como pasa aquí también en el zoológico. ¡Están trabajando tan duro y no saben nada ni sus nombres!. Yo estoy viviendo mi sueño cada día que nunca pensaba que podía vivir. Si me muero mañana, no deben derramar ni una lágrima, porque yo he vivido una vida increíble. A mí me gusta este dicho: La vida no se mide por el número de respiraciones que tomamos, sino por los momentos que nos quitan el aliento. ¡Yo he tenido tantos momentos así en mi vida!. La comunidad hispana del sur de la Florida me ha demostrado tanto cariño por tantos años, nunca estaré lo suficientemente agradecido.

Ahora dirígete a los padres de niños para que sepan por qué deben venir a Zoo Miami.
- Aquí hay un mundo natural de los animales y sus maravillas en el que los niños aprenden de ellos, pero al mismo momento tienen un tiempo fantástico con la familia. Aquí pueden jugar, en las fuentes de agua, pueden ver los shows de animales y al mismo tiempo están aprendiendo sin darse cuenta, porque están pasando un rato tan bueno con la familia. ¡En estos días hay tantos niños sentados frente al televisor o la computadora!, ¡la familia no dedica tiempo a unirse como familia!, el zoológico es un lugar perfecto para eso. Aprendiendo a que no solo hay que amar la naturaleza, también es bueno tener la familia, bien de salud, cogiendo el sol, el aire fresco, hagan un poquito de ejercicio, el zoológico es uno de los mejores lugares para hacer eso. 

FacebookTwitterGoogle BookmarksLinkedInShare on Google+
Volver al Incio