Los selfis

En los últimos años hemos observado cómo la gente siente euforia por tomarse una “selfie” que es la nueva forma de moda de decir en inglés un self portrait, que en español vienen llamando “selfi”, en buen castellano una autofoto, o lo que siempre hemos dicho un autorretrato. En 2012, la revista Time consideró a “selfie” como una de las 10 palabras más de moda.

En el año 2013 el diccionario de Oxford ya la incorporó y mientras la Real Academia Española se decide por castellanizar e incluir la selfi como nuevo término, me parece lo más correcto seguir autorretratándonos o tomando autofotos.

Es muy curioso comprobar lo popular que se han vuelto, ya que si “googlelamos” (buscar en Google) la palabra selfie, nos salen 282 millones de resultados y me pregunto: ¿Por qué tanta euforia?. Los autorretratos han existido siempre, desde los grandes maestros plásticos hasta la aparición de la técnica fotográfica. Se ha escrito mucho sobre la que sería la primera selfie de la historia, en 1839, que fue realizada por un químico llamado Robert Cornelius mejorando las primeras pruebas fotográficas de Joseph Niépce en 1826 y los daguerrotipos, que toman su nombre de Louis Daguerre.

A principios del siglo XX, en febrero de 1900, la nueva compañía Kodak lo hacía todo mucho más fácil al crear su cámara Brownie, que se podía obtener por el precio de un dólar, e invitaba a los jóvenes desde los 16 años a unirse a su Club de Cámara Brownie de América, y en su publicidad les decía al público: “Envíe un dólar a su distribuidor Kodak local, si no lo hay en su ciudad, envíenos el dólar y se la enviaremos lo antes posible”, (todavía no había llegado Jeff Bezos con Amazon). Así nació lo que llamábamos “instantánea”.

¿Cuál es la razón de esta moda fotográfica?. Hay muchos estudios psicológicos que afirman cómo detrás de esa obsesión por publicar fotos propias en las redes, es fruto de algún tipo de deseo de aceptación pública o social, ¿es una forma expresiva de vanidad?. En 2014 la Asociación Americana de Psiquiatría cuestionaba si eso de tomarse muchas selfis es un trastorno o síndrome y llegaban a hablar de la “selfitis” algo que se definiría como “el deseo compulsivo obsesivo para tomarse fotos de uno mismo y publicarlas en los medios sociales como una forma de compensar la falta de autoestima y así llenar un vacío en la intimidad”. Incluso hablaban de tres niveles de manifestación de esta obsesión, la Selfitis Borderline que es cuando diariamente alguien se toma fotos de sí mismo, por lo menos tres veces, pero no llega a compartirlas en las redes sociales. La Selfitis Aguda: Que es en la misma cuantía de la anterior pero sí llegando a publicarlas en las redes. Por último la Selfitis Crónica, que es tomarse fotos de uno mismo de una forma descontrolada, más de 6 veces al día y compartirlas en varias ocasiones en las redes sociales. Según esto, algunos famosos y amistades nuestras, menos famosas, están “de amarrar”. Tengo un amigo que me llama bromeando alertado, cada vez que a Thalía se le olvida publicar una foto.

Así sea un desajuste psicológico o narcisismo, lo cierto es que este “trastorno” no hay duda de que es un gran negocio, porque casi cada año los fabricantes de teléfonos inteligentes lanzan un nuevo modelo con una cámara de más resolución y capacidad de almacenamiento de memoria. Los accesorios para conseguir mejores fotos tales como los “selfie sticks”, las varillas de extensión o soportes portátiles, que facilitan usar el teléfono con un mejor ángulo para el retrato, son más novedosos y sofisticados. Y no olvidemos el suculento mercado de aplicaciones telefónicas que mejoran o transforman de forma divertida nuestras imágenes. Según las estadísticas, los usuarios de la red de Instagram publican hasta 60 millones de fotos diarias. ¿Qué empresa se puede resistir a buscar “bocado” en un pastel tan jugoso?.

Hay otros estudios que nos indican que eso de publicar más o menos selfis, puede indicar una mayor o menor actividad sexual, pero ese estudio se lo dejaremos a otros más interesados en ese enfoque.  Hay selfis o autofotos que a más de uno le ha costado la vida. Ya son muchos los casos de personas que han querido tomarse una foto al borde de un acantilado, o en el punto más alto de un edificio y en el momento que han ido a hacer clic en su teléfono, con cualquier despiste, han perdido el equilibrio, y aunque han conseguido la foto, la siguiente toma la ha hecho el equipo forense policial antes de levantar sus restos. De la misma forma podemos decir que no todas las selfis mortales que oímos son verdaderas. En el año 2014 se hizo famosa una publicación de un joven llamado James Crowlett que supuestamente se tomó una foto antes de recibir el “cariño” de un escualo, pero aunque la historia obtuvo muchos lectores, parece ser un montaje falso. En estos tiempos de “fake news” uno no se puede dejar llevar por la primera imagen o comentario. En resumen, cualquier motivo es bueno para una selfi. El encuentro con un famoso, un paisaje, algún rincón turístico de una ciudad muy popular, la reunión familiar, una pose con la mascota o el momento memorable de nuestras vacaciones. Nosotros en Miami tenemos la suerte de vivir en una ciudad en la que millones de personas se quieren fotografiar, así que ya sea un trastorno o no, yo no he querido ser menos y me he tomado mi selfi con nuestra ciudad, tan odiosa a veces en los atascos del tráfico, pero a la que con sus bellezas y defectos, todos hemos acogido como nuestro hogar.

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